El agua y el viento pudieron más que los motores. TC del Litoral había comenzado a recorrer su triple jornada de setiembre, pero un violento temporal dejó la historia inconclusa cuando todavía faltaban dos capítulos. Juan Manuel Farabello y Roberto Maín alcanzaron a festejar en las Clases A y B, respectivamente. Ahora, sin margen para seguir esperando, la categoría vuelve a poner tres finales sobre la mesa, el 17 y 18 de octubre, con campeonatos abiertos y una temporada que empieza a quedarse sin tiempo.
TC del Litoral quedó en medio del río. Y esta vez no fue solamente una manera de decir.
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La categoría había llegado al autódromo de Gualeguaychú con la intención de recuperar terreno mediante una triple jornada, pero el cielo decidió escribir un desenlace muy diferente. Hasta el sábado, todo había transcurrido según lo previsto, con Juan Manuel Farabello y Roberto Maín adueñándose de las primeras finales de las Clases A y B.
Pero el domingo, desde las 11 de la mañana, el temporal de viento y agua se descargó sobre el escenario y terminó llevándose por delante las dos carreras restantes.
La bandera a cuadros debió guardarse antes de tiempo. Y con ella quedaron pendientes puntos, ilusiones y cuentas que nadie pudo terminar de sacar.
Después de más de un mes y medio sin actividad, aquella frustración significó otro golpe para una categoría que necesita carreras tanto como sus protagonistas necesitan sumar. Por eso, el calendario no concede demasiadas alternativas: el próximo 17 y 18 de octubre habrá un nuevo intento de triple jornada, con una final el sábado y otras dos el domingo.
Tres carreras en un mismo fin de semana. Tres oportunidades para ganar, descontar o dejar escapar buena parte de lo construido durante el año.
FARABELLO CAMBIA DE AUTO, NO DE COSTUMBRE
Andrés Kohlmann y Juan Farabello.
Y en medio de ese escenario aparece nuevamente un apellido que lleva décadas escribiendo páginas importantes en la historia de la categoría.
Juan Manuel Farabello volvió a ganar. Y lo hizo como si cambiar de auto fuera apenas un detalle.
Esta vez se subió a la unidad que hasta la presentación anterior había conducido Stefano Veronesi, convirtiéndola en el tercer auto diferente que utiliza durante la temporada. Cambió la herramienta, pero no la costumbre: fue directamente a buscar la punta y terminó celebrando su cuarta victoria del año.
Farabello parece tener una fórmula que no depende del auto. Se sube, acelera y gana.
El resultado también le permitió tomar algo más de distancia en el campeonato respecto de Pablo Kohlmann, que llegó quinto, aunque mucho más cerca de quienes lo precedieron de lo que ese puesto podría sugerir.
Y allí estuvo otro de los capítulos particulares de la tarde.
Porque entre el ganador y su principal perseguidor en el certamen quedaron Andrés Kohlmann, ex campeón de la Clase B, Eduardo Urcola y Nicolás Piazza, protagonistas de una definición que obligó a recurrir a las imágenes para establecer el orden correcto.
Fue un final a la antigua. No alcanzó con los sensores: hubo que mirar la filmación.
La evidencia mostró un orden diferente al registrado electrónicamente, debido a la ubicación incorrecta del sensor del piloto que finalmente quedó cuarto. Una situación que tuvo su cuota de ironía, porque al levantar la marcha para evitar una eventual penalización en la siguiente final, terminó perdiendo dos posiciones cuando pretendía resignar solamente una.
Detrás de ese grupo llegó Caio Romero, sexto después de haber estrenado su historial de victorias en la presentación anterior. Lo siguió Julio Velázquez, otro que venía de conocer por primera vez el sabor del triunfo en la categoría.
Completaron el clasificador el campeonísimo Luis María Romero, el debutante Francisco Marasco, al volante del auto que Farabello había estrenado esta temporada, y Joaquín Veronesi.
La carrera dejó también dos abandonos: los de Yamil Dubs y el debutante Cristian Leguizamón.
Pero por encima de las alternativas, las discusiones y los nombres que fueron apareciendo detrás, hubo un protagonista que no dejó demasiado espacio para las dudas.
Farabello fue a buscar la victoria sin pedir permiso.
La cuarta de esta temporada. Una más para una colección que ya supera las 80 conquistas en TC del Litoral y que sigue creciendo, carrera tras carrera, como testimonio de una vigencia difícil de igualar.
No se trata, sin embargo, de un campeonato resuelto.
La diferencia con Pablo Kohlmann pasó de cuatro a dieciséis puntos. Un margen que le permite respirar algo mejor, pero que todavía está lejos de garantizar tranquilidad, especialmente cuando el próximo compromiso ofrecerá tres finales y una cantidad de puntos capaz de alterar cualquier pronóstico.
Farabello tiene la punta, tiene las victorias y parece tener también la capacidad de hacer ganador a cada auto que conduce. Pero todavía no tiene el campeonato.
Y esa es precisamente la incertidumbre que alimenta lo que viene.
Porque el temporal de setiembre dejó al TC del Litoral con la historia interrumpida, pero octubre le ofrece una oportunidad inmediata de recuperar el tiempo perdido.
El 17 y 18 habrá tres banderas a cuadros esperando dueño. Farabello llegará con dieciséis puntos de ventaja, Kohlmann con la obligación de descontar y el resto con la posibilidad de meterse en una pelea que todavía no entregó su última palabra.
La lluvia ganó aquella batalla. Ahora vuelven a mandar los motores. Y en una triple jornada, hasta el que parece tener todo bajo control puede descubrir que el campeonato cambia de manos mucho más rápido de lo que tarda en caer una bandera a cuadros.
MAÍN VOLVIÓ A GOLPEAR Y AVISA QUE TODAVÍA TIENE CUENTAS PENDIENTES
Fabián Maín junto a la gente de María Grande y su hijo Roberto, ganador por tercera vez en el año.
La Clase B de TC del Litoral encontró en Gualeguaychú su mejor convocatoria de la temporada, con 15 inscriptos, y un ganador que empieza a convertirse en una seria amenaza. Roberto Maín volvió a imponer la contundencia de su Chevrolet 400, alcanzó su tercera victoria del año y descontó terreno en un campeonato que lidera el binomio Rey. La lluvia impidió completar la triple jornada, pero no pudo borrar el mensaje del vencedor: todavía queda mucho por discutir.
Roberto Maín no estuvo en todas. Pero cada vez que aparece, se hace sentir.
La ausencia en la segunda doble jornada le hizo perder terreno en el campeonato, aunque no parece haberle quitado velocidad ni ambición. Por el contrario, el piloto con antecedentes en TC Pista Entrerriano y actualidad en el TC 4000 del Nuevo Car Show volvió a demostrar que su Chevrolet 400 tiene argumentos de sobra para discutirles el protagonismo a quienes hoy lo superan en los números.
Y esta vez no hubo suspenso en la definición.
Maín salió a buscar la victoria y terminó construyendo una diferencia tan clara como contundente. Sin rivales que pudieran comprometer seriamente su dominio, llevó al Chevrolet 400 hasta la bandera a cuadros para concretar su tercer triunfo de la temporada, segundo consecutivo, en una carrera que terminó siendo la única de las tres previstas para aquel fin de semana.
Seis segundos después apareció otro Chevrolet 400, el que perteneciera a Julián Carmody, ahora conducido por Juancito Rey, integrante junto a su padre Carlitos Rey del binomio que manda en el campeonato.
No pudo discutirle la victoria a Maín, pero el segundo puesto le permitió seguir defendiendo una posición privilegiada en el certamen, justo cuando la temporada comenzaba a transitar su segunda mitad.
Nazareno Carreras completó el podio con el mejor Ford de la competencia, cerrando una primera línea de protagonistas que dejó a dos Chevrolet 400 por delante del representante del óvalo.
También con Ford, Rubén Ortiz terminó cuarto, aunque ya sin posibilidades concretas de acercarse a los tres primeros en el tramo decisivo.
Detrás se ordenaron el uruguayo Richard Moris, Adrián Ciocci, el debutante Felipe Gómez, llegado desde el KAG para estrenarse al volante del Chevrolet 400 con el que Plumero Sánchez (ex Clase A) corrió la anterior, y Yamil Bottani, que esta vez vió la otra cara de la moneda.
Porque el piloto de la Chevy pasó de abrir el clasificador en la fecha anterior a cerrarlo en esta oportunidad. Del primer puesto al último entre quienes llegaron: una de esas vueltas de página que el automovilismo escribe sin contemplaciones.
Pero más allá del resultado, la Clase B dejó otra señal alentadora.
Quince autos y pilotos inscriptos representaron su mejor convocatoria del año, una recuperación importante respecto de los parques reducidos con los que había comenzado la temporada. Aunque algunas bajas impidieron que todos estuvieran en la final, el crecimiento volvió a alimentar expectativas para lo que resta del campeonato.
Y entre esa decena y media de protagonistas, hubo uno que volvió a sobresalir por encima del resto.
El Chevrolet 400 de Roberto Maín ganó por segunda vez consecutiva y dejó una advertencia que sus rivales harían bien en escuchar.
Porque el campeonato tiene líderes, pero todavía no tiene dueño definitivo. Juancito y Carlitos Rey conservan el mando, aunque Maín comienza a recortar la distancia.
La lluvia se encargó de cancelar las otras dos finales previstas y dejó sin continuidad inmediata una historia que prometía más capítulos.
Pero si algo quedó claro antes de que el temporal silenciara los motores fue que Roberto Maín no piensa resignarse a mirar la pelea desde afuera.
La Clase B acaba de ingresar en la segunda mitad de su calendario. Se vienen tres finales en un mismo fin de semana y una oportunidad tan grande para quienes necesitan descontar como peligrosa para aquellos que intentan defender lo acumulado.
Maín perdió carreras por ausencia, pero no perdió el rumbo. Ahora que volvió a ganar, y con un Chevrolet 400 que parece responderle a cada exigencia, la pregunta empieza a cambiar: ya no es si puede meterse en la pelea, sino cuánto terreno será capaz de recuperar antes de que llegue la última bandera a cuadros.
