La cuarta temporada de la Fórmula Entrerriana en modo motores a inyección se lanzó oficialmente el 14 y 15 de marzo en el autódromo de Concepción del Uruguay, su hábitat casi permanente. Pero lo que debía ser un nuevo punto de partida terminó pareciéndose demasiado a una postal repetida: poco parque, poca expectativa y una realidad que ya no se puede disimular ni con buena voluntad.
Lejos de empujar una recuperación, la fecha volvió a desnudar a una categoría que hace rato quedó atrapada en un estancamiento alarmante. Seis autos fueron apenas el sostén mínimo de una estructura que no levanta, no reacciona y sigue dependiendo de esfuerzos aislados para no apagarse del todo.
Por primera vez faltaron Agustín Ferreyra, bicampeón 2023 y 2024, y su equipo, que solían aportar uno o dos autos más al parque. Sin ellos, los cinco mosqueteros de la ocasión hicieron de respirador artificial de un paciente que sigue sin mostrar signos de evolución, pese a que ya se probaron casi todos los remedios posibles.
LA FINAL
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PALABRA DE GANADOR, ROBERTO MOSSER
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Y al frente de ese grupo apareció un debutante. El Gallego Roberto Mosser, a pocos kilómetros de su Caseros natal, se convirtió en el primer representante de esa localidad del departamento Uruguay en correr en la categoría, al subirse al Berta de Sergio Villanova, el mismo con el que el chajariense fue campeón en 2001 y 2007. En medio de un panorama flaco, esa fue una de las pocas bocanadas de aire fresco.
Después, de la carrera hubo poco y nada para rescatar. La final terminó tres vueltas antes de lo previsto y con apenas dos autos en pista: el del ganador y el de Uriel Rodríguez (foto), que había debutado una fecha antes, en el Coronación 2025 del 22 y 23 de noviembre. Demasiado poco para una categoría que necesita mostrar fortaleza y demasiado elocuente para una que hoy sobrevive con lo justo.
Como hasta ahora no existe información oficial sobre las posiciones del campeonato, mientras sí fueron publicados los de CEE, ambas bajo el paraguas del autódromo de Concepción del Uruguay, todo indica que la fecha no fue puntuable, como corresponde cuando no se llega al mínimo de seis inscriptos. Pero ahí también aparece otro ruido de fondo. En la temporada pasada, la FAE reconoció campeones en torneos con apenas dos o tres participantes a lo largo del año. Y una semana después de este arranque fallido, otra categoría del mismo ámbito repartió puntos con solo tres inscriptos. Lo mismo hizo su similar santafesina por el simple hecho de correr en conjunto. Entonces, además del problema deportivo, también asoma una vara demasiado elástica a la hora de sostener la formalidad.
En el medio, tras la clasificación del sábado que ganó Román Kroh estrenando el 1, se disputó una única serie que quedó en manos de Mosser. Un desgaste mecánico innecesario, aunque haya sido de solo seis vueltas, que terminó pasando factura de manera directa o indirecta en la final. Cuando el margen es mínimo, forzar una serie con tan poco parque no fortalece el espectáculo: lo debilita todavía más.
Desde este medio no solo creemos: podemos decir sin demasiadas vueltas que, aun contemplando algunas presencias que estaban anunciadas y finalmente se cayeron, con este panorama suspender una presentación pasa a ser el mal menor. Ya ocurrió antes en escenarios parecidos. Porque hay momentos en los que insistir no es resistir: es estirar una agonía.
La Fórmula Entrerriana sigue respirando, sí, pero cada vez con menos aire. Y cuando una categoría necesita maquillar seis autos, una final recortada y apenas dos sobrevivientes en pista para sostener que sigue de pie, el problema ya no es de coyuntura: es de fondo. Seguir por seguir mismo no alcanza. Porque a esta altura, más que defender la categoría, lo urgente es evitar que termine consumiéndose en cámara lenta.
